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miércoles, 7 de agosto de 2013

El gran circo

Buenas tardes a todos, hoy me gustaría acordarme de aquella infancia que ya queda lejana en la que todos los veranos había un día al mes en que me levantaba temprano para ver como montaban el circo en una explanada cercana a mi casa.

Me encataba el circo, el maestro de ceremonias que nos hacía viajar a un mundo fantástico, los domadores de leones, los que jugaban con fuego (no sé si luego se mearían en la cama o no), los animales, malabaristas, los que se colgaban en el trapecio y, como no, los payasos. No sé si era así, pero entre los circos que vi y los que he visto en las películas se ha ido creando esa imagen en mi cabeza.

Desgraciadamente estos circos llegó un día en que dejaron de venir por mi pueblo y por pueblos cercanos, no era rentable, no era mucho el beneficio como para trasladarse hasta las islas.

Sin embargo, un día volvieron a aparecer en las televisiones, pero eran un poco diferentes. El maestro de ceremonias era un hombre primero con una ceja muy elevada, que luego fue sustituido por uno con barba. Ambos eran (y son) unos expertos en su parte de la función, la de llevarnos por donde ellos quieren y hacernos ver un mundo fantástico que solo ellos pueden ver, pero con sus grandes palabras nos hacen creerlos y no preguntarnos si estarán en lo cierto o no.

En los malabares y en los trapecios están diferentes personas encargadas de asuntos, otrora importantes, como eran la educación o la sanidad, pero bueno, esas cosas ya no son importantes. Los malabaristas nos hipnotizan con sus movimientos, nos dejan embobados y a nuestras espaldas, mientras los miramos maravillados, preguntándonos cómo lo harán, hacen y deshacen las cosas a su antojo.

También hay domadores de leones, pero de leones que para el público actúan como animales muy feroces y peligrosos, pero que en el fondo, con sus domadores, son muy mansos y hacen lo que quieren ellos. Hoy en día a los domadores se les conoce porque son dueños de los lugares donde el público deja el dinero para ver este espectáculo, dinero que multiplican y multiplican, pero no para dárselo al público, sino para repartírselo entre ellos y en el caso de que el circo entre en quiebra... pues ya le pedirán a los leones que les den algún dinerito suelto, mientras ellos cobrarán sus millonarias indemnizaciones.

Echando fuego por la boca hay un canario y una gran empresa de las gasolinas, que no pararán hasta poner una gran antorcha entre las islas de Fuerteventura y Lanzarote, a pesar de que todo el público les dice que no lo hagan porque puede ser muy peligroso. Ellos, como grandes expertos circenses, se arriesgarán haciendo oídos sordos a todo el público. Pero, a veces en el circo hay accidentes y puede que se pegue fuego el artista, porque las medidas de seguridad de este circo no son de las mejores.

Para acabar con este circo, también podemos ver a los payasos. ¡Ay, cómo me gustan los payasos! Siempre haciendo cosas con las que se ríe el resto del mundo, mientras ellos se ríen también de la gente del público.

En definitiva, payasos son las dos partes, los políticos porque se ríen de nosotros, sin darse cuenta de las tonterías que suelen hacer. Y nosotros, porque no participamos del espectáculo, pero los payaso se ríen a nuestra costa por ese mismo motivo, por estar sentados viendo a todos estos participar en este gran circo.