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martes, 7 de octubre de 2014

Di misiones

En esta nueva entrada me gustaría hablar de esa noticia que está de actualidad, el ébola que es lo que centra nuestras vidas desde que ayer se diera a conocer la noticia del primera contagio fuera de África (ese continente olvidado y cercano que nos importa una mierda y del que no nos acordamos si no es por noticias como esta).

No voy a hablar de fallos de seguridad, de negligencias, de mala suerte, de que no se contara con el material necesario para este tipo de crisis sanitarias, de que la enferma se haya ido de vacaciones sin que se le hicieran pruebas, de que en lugar de hacerle el análisis en el hospital destinado a este tipo de sintomatologías se le haya derivado al Hospital de Alcorcón, al repleto edificio de urgencias. Tampoco voy a hacer ningún comentario sobre el hecho de que se haya traído el ébola desde el punto de contagio a nuestro país, tampoco del hecho de que el Hospital Carlos III se queja de los recortes sanitarios en dicho centro y que dejaron bajo mínimos la posibilidad de poder actuar en un 100% contra el virus.

No, no voy a hablar de nada de eso.

Voy a hablar de lo vergonzoso que me parece que la Ministra Ana Mato (la que no sabía los chanchullos de su marido) salga a dar una rueda de prensa sin datos, sin información y sin capacidad de tranquilizar a nadie no sea capaz de dimitir de su puesto debido a su gran incapacidad para controlar este problema, cosa que ella pedía a la anterior Ministra de Sanidad. Me parece vergonzoso que salga el coordinador de alertas sanitarias y de emergencias por televisión y diga que es cierto que actuaron con mucha lentitud y que podían haberlo hecho mejor, que tampoco sea capaz de tranquilizar a nadie, sino generar más intranquilidad y tampoco dimite.

Como me gustaría que en este país la gente fuera tan honrada como para dimitir de su puesto cuando hace mal las cosas... Después es cuando me doy cuenta de que vivo en España y esa es una gran utopía.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mi derbi ideal

Este pasado fin de semana se jugó el partido del año, el que los aficionados de las dos orillas del archipiélado buscamos en el calendario una vez arranca la temporada (siempre y cuando estemos en la misma categoría, por supuesto)... pero no voy a hablar del partido, de la victoria del Tenerife, ni de lo que se vio sobre el césped. Desgraciadamente el fútbol no es solo deporte, aunque ya me gustaría que esa fuera la parte más importante.

Alrededor de cualquier partido hay una cantidad de elementos externos que no se pueden separar del simple hecho de lo que ocurre sobre el tapete verde y es de eso de lo que me gustaría hablar hoy, porque a pesar de ser un gran aficionado al fútbol, hay muchas cosas que no me gustan... y menos aún en los derbis.

Me parece muy triste lo que ocurre alrededor de un partido como este, sé que muchos dirán que es lo que hay y que debe ser así, pero como estoy hablando de mi derbi ideal, déjenme ser un soñador de que todo esto podría ser diferente.

Me entristece que tenga que haber el despliegue policial que hay, somos personas y como tales deberíamos saber comportarnos, tanto los de un lado como los del otro. La mayoría de los que vamos al futbol a ver estos partidos somos de los que nos sabemos comportar, el problema son los 4 o 5 machangos que no saben sino ir a insultar, amenazar y, si pueden, agredir al que se le ponga por delante (aunque en este año no haya pasado nada, lo cual me alegra bastante).

Me entristece ver a un padre y a su hijo (vecinos de Gran Canaria) en la parada del tranvía para bajar al derbi y que no se puedan poner la camiseta amarilla de su equipo, o que no puedan llevar la bufanda amarrada al cuello, por el problema de cruzarse con uno de esos indeseables que hay en todos lados.

Me entristece que vengan amigos de la isla de enfrente en el barco, que estén en la grada y que no pueda ir a saludarlos y darles un abrazo porque me lo impide una cadena de decenas de policías. Igual que me entristece que cuando vayamos nosotros al Gran Canaria no puedo saludarlos allá. Lo mismo que le ocurre a muchos de los que vamos a presenciar estos partidos.

Me entristece que no sepamos, en uno y otro lado, saber encajar las bromas (algunas con muy mala leche) que se nos hace. A unos les parece mal que los del otro lado se hayan reído de lo que pasó en el último partido del año pasado, a otros les parece mal que 6 tíos simulen que están meando en una charca. Por los dos lados, la gente no sabe aceptar las bromas, que pueden sentar mal, pero hay que tener un poco menos de sensibilidad y no exagerar las cosas.

Como me gustaría que los 4 sinvergüenzas de uno y otro lado se quedaran en su casa y dejasen de molestar a los que sí sabemos convivir en un campo de fútbol. Que se queden en su casa los que lanzan botellas a los aficionados del otro equipo, a los que tiran piedras, a los que escupen, a los que buscan la pelea, a los que quieren agredir... Todos esos sobran, en un campo de fútbol y en la vida en general.


En fin, que hay muchas cosas que rodean al derbi que me entristecen. El que seamos de la misma comunidad y no sepamos respetarnos los unos a los otros y que nos creamos superiores o mejores a los otros. Vivimos en un territorio muy pequeño, como para llevarnos tan mal. Que puedo quejarme por aspectos que consideren que beneficien a uno o a otro, está claro que sí, pero de ahí a llevarme mal con alguien por unas pequeñas rencillas que pueda tener, hay un trecho. Yo quiero ganarles el partido, pero después ir a echarme una cerveza y vacilarse por lo bien que jugamos y por ganarles. En carnavales, como murguero que soy, si puedo reírme de ellos un poco, por qué no hacerlo... y después una cerveza.


Mi batalla y la de todos debería acabar cuando el árbitro pita el final del partido. Es ahí donde único quiero escacharlos, que haya gente que piense diferente... Como en todo. No creo que mi manera de pensar sea la mejor que hay, pero para mi es la mejor que puedo tener.

A divertirse!!

P.D. Y para acabar mi derbi ideal, por supuesto, que gane el Tete.