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sábado, 27 de abril de 2013

José María Toro y Manuel Abril

Desde hace unos meses estoy realizando, en la ULL, un título de experto en reinvención educativa, es decir, en tratar de reinventar la educación. En principio estaba destinado a realizar esta actividad con los niños y niñas de colegios o institutos que no tuvieran ganas de seguir estudiando, que tuvieran problemas para ir al colegio, problemas en casa o, sencillamente, aquellos que estudiaban, pero suspenden los exámenes. A pesar de esto, creo que el que verdaderamente está siendo reinventado soy yo, y la (posible) futura docencia que voy a impartir.

Hace años que la educación está basada en conocimientos, en conceptos, en saber más, en valorar (evaluativamente) cuál es el más listo y cuál el menos... Una educación basada en crear GENTE con muchos conocimientos... Pero no en crear personas, eso era secundario. Lo primordial eran (y son) los contenidos y lo secundario las personas. En este experto estamos viendo la vida de una manera diferentes, es decir, basar la educación en las personas, en los sentimientos que tienen esas personas, en lo que vive cada uno de ellos en su día a día, en como les afectan las cosas que decimos y/o hacemos, es decir, buscamos cambiar a nosotros mismos, los docentes, para cambiar, luego a los alumnos. Y les puedo decir que es una experiencia que le aconsejaría a todos los amigos que se dedican a la docencia.

En estos días (ayer y hoy) hemos tenido dos charlas que (al menos a mi) me han abierto definitivamente las puertas hacia lo que quiero ser, y lo que creo, que debería ser en toda la educación. En primer lugar, tuve (y tuvimos) la suerte de tener una ponencia de un experto en la materia, D. José María Toro, de Sevilla. Él lleva a cabo una forma de interactuar con los alumnos basada en la expresión de los sentimientos, en no guardarse las cosas, en expresarlo y usarlo para aplicar los conocimientos. Además, nos dio unas pautas de como deberíamos comportarnos en clase a la hora de relacionarnos con nuestros alumnos. Hay que generar un clima de confianza entre ambas partes, saber que cada uno de nuestros alumnos tiene unos sentimientos y que esos sentimientos les afectan en el día a día en su rendimiento escolar, en su relación con los demás, en sus contestaciones... en todo, al igual que todos y cada uno de nosotros. El problema es que en la escuela solemos "obligar" a los niñ@s a dejar los sentimientos en la puerta de entrada y nunca nos preocupa. El propio Toro tiene un libro ("Educar con co-razón") en el que explica todo esto, que no me he leído y del que tengo muchas ganas de conseguir un ejemplar para profundizar un poco más en el tema.

Por otra parte, hoy tuvimos una charla con un profesor de Didáctica de la Lengua y Literatura de la ULL. Después de la experiencia educativa que tuve con uno de sus compañeros (no diré su nombre de forma explícita, pero su nombre es el de un Santo al que le gustaban los Gallos y su apellido es igual al de un barrio de El Sauzal), reconozco que mi interés por la lengua y la literatura clásica había disminuido hasta la altura del suelo... Hoy, sin embargo, la sensación ha sido completamente diferente. Hemos estado trabajando como si fuera en un taller de literatura, en el que nos explicaba cosas (y libros que también me gustaría leer) y nos pedía que a partir de esos mismo, nosotros creáramos el nuestro. Según él, no pasa nada porque un niñ@ de primaria o secundaria, copie y adapte textos literarios de otros. Al contrario, es una fórmula para conocer esas obras y el primer paso para crear las propias. Y si yo, que no me considero para nada una persona con capacidad para hacer esas cosas, pude hacerlo, ¿por qué no va a poder hacerlo un alumno de primaria o secundaria? Lo único que hay que hacer es creer que puede hacerlo ("Creer para crear y creer". Manuel Abril), y cambiar nuestras palabras, porque las palabras son la llave para cambiar.



En definitiva, la educación de nuestro país, lo diga Pisa o lo diga Wert (¡¡Qué miedo!!) no funciona, pero no por los niños, sino por todos los demás, por los maestros, por los padres, por los políticos... No podemos echar la culpa de algo que es nuestra responsabilidad (de TODOS) a unas personas que se ponen a nuestra disposición para aprender, porque consideran que tenemos la verdad y nos van a copiar en todo lo que hagamos.

Para terminar les dejo un poema escrito por mí (sí, por mi) a partir del poema "Caracola" de Federico García Lorca.

Me han dado un reloj.

Dentro de él
habita el espacio
y mi tiempo.
Mi recuerdo del pasado, 
mi presente
y la ilusión por el futuro.

Me han dado mi vida. 



2 comentarios:

  1. se nota que te están convirtiendo en alguien de provecho... ¡me alegro! jajaj

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  2. Ya iba siendo hora de que me convirtiera en alguien decente, no crees?? jajajaja

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